Crónicas de la FILNYC 2025
Domingo, 26 de octubre de 2025
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A ritmo de cierre
Aunque el campus del John Jay College estaba más tranquilo, el domingo amaneció con ritmo. La séptima edición de la FILNYC seguía, como un concierto que se resiste a terminar. En los pasillos, los expositores aún abiertos ofrecían los últimos libros y abrazos; la feria bajaba el volumen, pero no la energía.
El domingo fue un día más de presentaciones y proyectos colectivos. Se compartieron las experiencias deNuevas miradas, edición Nueva York 2025, un laboratorio de creación que reunió a jóvenes escritores; las propuestas de Revistas de y sobre literatura latinoamericana y latina; y las presentaciones deVersería colectiva para sones jarochos, que llevaron el ritmo del Golfo hasta el corazón de Manhattan o el libroInstantáneas de María Julia Rossi en conversación con grandes autoras de ambas orillas del Atlántico. Cada proyecto, distinto en forma y tono, celebraban una misma idea, la vitalidad de la palabra impresa en español.
Cadencias narrativas: escribir con música, un diálogo entreBrenda Navarro yYuri Herrera se convirtió en una sesión compartida de escucha. Cercanos y curiosos, los autores devolvían divertidos las preguntas al público —“¿y tú qué canción podrías escuchar el resto de tu vida?”— y respondían con anécdotas sobre los ritmos que acompañan su escritura. Fue una charla en estéreo, divertida y generosa, donde palabra y música se mezclaban sin competir, como si cada nota tuviera algo que contar.
Después, llegóRosario Castellanos vive en Nueva York, a medias entre un homenaje, una lectura y una reunión de amigas, varias poetas mexicanas residentes en la ciudad (Mónica de la Torre, Silvia Siller, Ana Paula Martínez, Citlalli Villanueva y Évolet Aceves) participaron en el diálogo y la lectura. Entre versos propios y ajenos, recordaron cómo se llega a una autora como Castellanos, o cómo ella llega a nosotros. Su voz, decían, sigue marcando una ruta posible: la de las mujeres que escriben desde la lucidez y la ironía, sin dejar de arder.
Ya por la tarde, la feria se fue llenando de despedidas. En las escaleras del teatro,todo el equipo de la FILNYC se había reunido en un momento del día para una foto colectiva: rostros felices, la manta multicolor colgada sobre los peldaños —decorados para los talleres infantiles— y la sensación de cansancio mezclada con el cariño compartido. Entre risas, abrazos y promesas de volver, los expositores recogían, los autores firmaban los últimos ejemplares y los visitantes se resistían a marcharse. El campus quedaba en calma, pero el ambiente seguía vibrando con una alegría suave, la certeza de que, un año más, algo importante había pasado, algocada vez más importante.
La FILNYC 2025 se despidió así: con música, poesía, libros y esta energía que no entiende de finales.
Sábado, 25 de octubre de 2025
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Aprender a mirar la feria y la ciudad
Llegando a la mitad de la FILNYC, el campus del John Jay College parecía tomarse un respiro en sábado; ya sin clases, ni estudiantes apurados, pero en los pasillos se seguía escuchando la vida entre conversaciones, algunas carreras, risas, y la música que envolvía los expositores de libros. En una de las salas se cerraba uno de los muchos talleres gratuitos que ofreció la Feria:Literatura crónica, impartido por Juan Pablo Meneses, que durante tres días había impulsado a sus diez participantes a narrar la ciudad desde los ángulos más originales posibles, a encontrar las historias que Nueva York ofrece cada día. Ilusionados por compartir el resultado, y agradecidos de haber sido seleccionados, se convertían en parte de esta crónica que ahora los contiene. Algunos de los participantes habían pasado la víspera recorriendo barrios aleatorios, buscando una imagen desde la cual escribir su texto. Lo que quizá no sabían era que ellos mismos formaban otra imagen: la feria mirándose a sí misma, levantando sus propias historias.
Mientras tanto, en el segundo piso, los expositores acercaban sus publicaciones a los visitantes. Y, en el Gerald W Lynch Theater, se inauguraba oficialmente la videoinstalación“No es extraño este sitio para la danza”, dirigida porNoelia Quintero, con música deRita Indiana, y acompañados porRené Cifuentes yYomaira Figueroa Vásquez. Una pieza que mezcla imagen, cuerpo y palabra para explorar las coreografías de la migración. Entre luces y pantallas, recordaba que el movimiento —como el idioma— también es una forma de resistencia. Un espíritu que recorrió también a lo largo del día, las charlas sobre pensamiento crítico, que reunían a investigadores y escritores para hablar deculturas del exterminio, tecnologías de guerra y militarización, y demigración, papeles, palabras y fronteras. Dos mesas intensas, donde la reflexión no fue abstracta sino urgente: cómo se escriben —y se sobreviven— las fronteras de hoy.
A mediodía, el club de lectura conBrenda Navarro, organizado porCharlas y Libros, un proyecto deGaby Moreno yJavi Raya, convocó a los más entusiastas seguidores de Brenda que, cercana como siempre, conversó sobre sus novelas, sobre lo que ocurre cuando los libros encuentran a los lectores que andaban buscando. Y por la tarde, el teatro se llenaba paraCaperucita en Manhattan, traída desde España por elTeatro de La Abadía. La obra, conCarolina Yuste en el papel de una caperucita moderna, fue uno de los eventos más aplaudidos del día. Verla aquí, en la ciudad donde transcurre, convertía la función en un regreso simbólico: una vuelta a casa y el mejor homenaje posible paraCarmen Martín Gaite, que encontró en esta historia el modo de volver a la ficción tras la muerte de su hija.
Le siguió la mesaLenguas vivas: modulaciones del español en el mundo contemporáneo, que reunió aAndrés Neuman, Daniela Catrileo, Gabriela Borelli yEduardo Lago. Fue un diálogo sobre la elasticidad del idioma: su capacidad de resistir y viajar. Lago habló con preocupación —“nadie sabe la potencia de lo que está pasando aquí, somos invisibles”— y Neuman, Catrileo y Borelli, aunque compartieran su preocupación, trataron de aplacar la alarma con citas entre la ironía y la esperanza, insistieron en la capacidad de persistencia del idioma.
Con mucho más humor comenzaba la siguiente charlaIncomodar con la palabra, ¿hasta dónde?, que cambió el tono sin perder intensidad.Leila Guerriero, Pedro Mairal yAntonio Ortuño, moderados porVicente Lecuna, hablaron de ética, humor y provocación. “No me molesta que un texto me incomode”, decía Leila, “pero cuando busca hacerlo a propósito, me produce rechazo”. Mairal se reía de la clásica identificación del autor con sus personajes, que siempre siente que le acecha, y de la que querría zafarse: “Yo escribo ficción, y si lo que escribo incomoda o no incomoda, ni lo puedo controlar, ni es cosa mía”. Y Ortuño, entre carcajadas, recordó: “Empecé a escribir para incomodar a una persona muy concreta, decidí no hacerlo más y la gente siguió incomodándose”. Hubo bromas, anécdotas, y una complicidad evidente entre los tres. Y es que cuando los autores empiezan a referirse a mesas del día anterior, a citar a quienes ya hablaron, cuando las voces se entrecruzan sin opacarse, se nota que la feria respira. La programación no solo suma actividades: abre conversaciones, las enlaza, las deja correr por los pasillos. El sábado terminó con esa plenitud que da el diálogo —hablar de libros, de ideas, de todo lo que las palabras permiten— y con la certeza de que la FILNYC es, también, un ejercicio de lengua viva, en su máximo exponente. En el campus, en las aulas, entre los puestos de libros, eso se venía haciendo desde hacía cuatro días. Y todavía quedaba uno más.
Viernes, 24 de octubre de 2025
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La próxima gran obra latinoamericana
La Feria amanecía con el trajín de las jornadas profesionales, los expositores desplegaban sus catálogos y el hall del John Jay College se llenaba un día más de todos los oficios de los libros.
En el segundo piso, se abría al público la videoinstalaciónNo es extraño este sitio para la danza, que tendría su premier al día siguiente. Una pieza en la que, más que contemplarse, se entra: el cuerpo como territorio, el movimiento como lenguaje, la memoria como coreografía.
Las jornadas profesionales retomaron el espíritu del intercambio con la mesaRetos y desafíos a 20 años de la creación de las Plazas Comunitarias en Estados Unidos. A dos décadas de su nacimiento, estas redes educativas siguen siendo un modelo de inclusión y arraigo cultural para las comunidades migrantes. Los ponentes, incluyendo a Minerva Pardo, Carmen de Linero, y el cónsul Félix Santana Ángeles, repasaron los logros y los desafíos de un proyecto que ha conseguido algo poco común: convertir el aprendizaje en pertenencia.
Por la tarde, el Gerald Lynch Theater se llenó para una conversación luminosísima:Exigencia, vulnerabilidad y resiliencia, entreLorena Ochoa yOlga Montero Rose, moderadas porLuz María Zetina. Una golfista legendaria y una escritora-psicoanalista parecían mundos aparte, pero bastaron unos minutos para entender que hablaban el mismo idioma: el de la búsqueda del equilibrio. Ochoa recordó la importancia de la gratitud aprendida desde la infancia —la crianza es una marca, pero no una sentencia—, de saberse afortunado y cargar con el coraje. Montero, por su parte, habló de las trampas de la culpa y de cómo enseñar a convivir con el error, a afrontar las propias decisiones cuando una misma es la mejor brújula moral. Entre anécdotas —elcaddy, los tropiezos, los pacientes—, las ideas resultaban inspiradoras, cercanas. Al final, un entusiasmado equipo de la FILNYC subió al escenario para fotografiarse con ella y saludarla, y una larga cola de lectores se formó afuera. Luz María Zetina cerró muy acertada elogiando estas conversaciones «que no se apagan cuando se cierran los micrófonos».
En paralelo, el Centro para el Libro Humanidades Puerto Rico acogía el conversatorioActivismo y educación en los cómics puertorriqueños. Jennifer Caroccio Maldonado, Omar Banuchi y John Vásquez Mejías, moderados por Paloma Celis Carbajal y Charles Carter, exploraron el cómic como herramienta de crítica y acción. «El cómic es un soporte que lo aguanta todo», resumió Banuchi. Lo analógico, aseguraron, va a volver: porque nada sustituye el trazo humano, la tinta, la viñeta que expresa, en cualquier estilo, nuestra forma de mirar.
Uno de los momentos más emotivos sucedía al final de la tarde en el Gerald Lynch Theater:Voces sin fronteras: Historias de la antología 2025 DREAMing Out Loud, Vol.7. Una colaboración de la FILNYC con PEN America que da voz a jóvenes escritores migrantes e indocumentados. Una lectura de algunos fragmentos seleccionados se convertía entre aplausos en una celebración del poder transformador de la escritura.
Mientras, el Mood Court se llenaba para la presentación deMacondo York, el fotolibro de Iván Onatra que imagina la mirada de un García Márquez neoyorquino: las luces de neón y los escaparates como ecos de un Caribe fantástico. «Nueva York es puro realismo mágico», decía Onatra. A su lado, Adriana Martínez Guerrero, directora del Festival LEA, recordó sus propios comienzos organizando una feria en un idioma que no era el propio del país, y José Higuera celebró que hoy el español haya encontrado su lugar en Manhattan. «El legado de tantas voces en español que pasaron por aquí —dijo— sigue creciendo, inspirando nuevas formas y lenguajes».
Ya hacia la noche, la programación subía el ritmo conLa ciudad y la lengua: crónica de lo cotidiano, una charla magnética y divertidísima. Ante una sala totalmente llena, Leila Guerriero, Óscar Martínez y Juan Pablo Meneses, moderados por Ingrid Bejerman, compartieron algunas anécdotas y opiniones del oficio de cronista con humor y precisión. «La cotidianeidad no es un tema —dijo Guerriero—, si no sirve para hablar de algo más grande». Martínez, para encontrar interlocutores de sus historias, decía que «nadie habla con un mentiroso ni con un idiota», y Meneses insistió en que para escribir hay que conocer las ciudades a propósito, hablar con las personas que las habitan y que el cliché exagerado también es una forma de recrearse en el turismo, de narrarlas. Rieron, provocaron y emocionaron a una sala que escuchaba encantada.
La jornada concluyó con La ciudad sin orillas. Crónicas migrantes en Nueva York y otros territorios reunió voces que escribieron desde el desarraigo y la comunidad. La escritora Brenda Navarro, quién dirigió el taller promovido por la UNAM, la FILNYC y CUNY —y del que resulta esta primera publicación colaborativa— habló de este pequeño laboratorio como un espacio que, según dijo, «fue creando algo tan potente que resulta un testimonio de una forma de vivir». Destacó que «el lenguaje sigue siendo una herramienta importantísima» y celebró el valor del libro impreso: «tenerlo evita que los archivos se pierdan, da materialidad a todo nuestro trabajo». Luego, convencidísima, cerraba el auditorio: «En Nueva York se va a escribir la próxima gran obra latinoamericana». Socorro Venegas, editora de la UNAM, orgullosa, lanzaba una imagen de los autores que integran el libro: «Una bandada de pájaros recién liberados».
La videoinstalación apagaba por hoy su movimiento, mientras los últimos asistentes abandonábamos el College. Y no era extraño este sitio para la danza: la feria se mueve, el idioma se expande, y Nueva York, por unos días, se deja llevar por su ritmo.
Jueves, 23 de octubre de 2025
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El corazón empieza a latir
El segundo día de la FILNYC amaneció con otro pulso: menos inaugural, más hondamente vivo. La feria empezó a desplegar su mapa completo —jornadas profesionales, primeros talleres, conversatorios— y todas las voces FILNYC empezaron a formar este territorio donde el español viaja, se conecta y transforma.
A mediodía, la feria rendía homenaje a Rosario Castellanos.Materia que arde, voz que perdura fue el título elegido para recordar a la autora mexicana en el centenario de su nacimiento, una voz que no ha dejado de arder en el presente. Socorro Venegas, Sara Uribe y Gabriela Borelli, moderadas por Magali Ortega, hablaron de su lucidez, de su ironía como herramienta de contrabando intelectual, de aquella cultura que ella misma describía como una “ciudad amurallada” a la que logró infiltrarse con inteligencia y humor. «Castellanos —dijeron —fue una estratega de la palabra: convirtió la ironía en método y la escritura en trinchera». En la conversación, se recodó también entre elogios su tesisSobre cultura femenina, y las capas de complejidad con que la mexicana fue capaz de comprender en el ser humano, siempre en conflicto entre cuerpo, lengua y poder.
En el segundo piso,los expositores ya esperaban con sus mesas abiertas y los estantes relucientes. Las editoriales, llegadas de distintos rincones de América Latina y España, acercaban sus publicaciones a los visitantes con entusiasmo, recomendaban títulos, intercambiaban historias y acentos: la feria, ahora sí, empezaba a latir a su propio ritmo. Con esa misma energía, la tarde llevó el pulso al terreno de lo colectivo.Vindictas: cinco años desafiando el canon celebró el proyecto editorial de la UNAM que rescata voces de autoras latinoamericanas silenciadas.
Se habló de género y de preservación, de editoras contemporáneas que no buscan impartir cátedra sino compartir un asombro. PorqueVindictas no es solo un catálogo: es un verdaderotesoro editorial, una biblioteca en construcción que reúne las obras de escritoras descatalogadas, cada una prologada por una autora contemporánea, tendiendo un puente entre generaciones que se leen y se reconocen. En su publicación más reciente, presentado en la FILNYC, el libro homónimo reúne voces que el tiempo quiso borrar y que hoy regresan multiplicadas. «Un buen editor rescata para mantener vivas estos diálogos» se reafirmaron las ponentes. Boullosa se lamentaba del giro que dio el reconocimiento en su generación, «perdimos la gravedad que habíamos ganado cuando dejamos de ser excepción, cuando empezamos a ser muchas». El acto se cerraba planteando el reto, para todas, de cómo mantener vivos estos legados ahora que han sido rescatados, y de cómo preservar los que hoy están publicándose, y no deberían caer nunca en el olvido.
A esta mesa en torno al rescate le siguió otra: la de reescritura. EnDesatar la voz del archivo, reescribir América Latina, Juan Cárdenas, Gabriela Cabezón Cámara y María Ospina, moderados por Graciela Montaldo, pensaron los archivos como territorios vivos, atravesados por silencios. «¿Para la riqueza de quién?», se preguntó Cabezón Cámara al hablar de los nuevos extractivismos que repiten los viejos modelos coloniales. Hubo menciones a la ecología, al auge de los nazismos contemporáneos, y a la insuficiencia del lenguaje para nombrar lo que la historia ha borrado. Fue de algún modo, continuación natural de Vindictas: si unas autoras recuperan, otras reescriben su historia, «porque las mujeres reescriben su historia todos los días», acertó a decir Graciela Montaldo.
Las chicas raras llegaron a cambiar el aire en el Gerald Lynch Theater. Mónica Ojeda, Xita Rubert y Sabina Urraca protagonizaron una de las mesas más esperadasChicas raras: crecer es una ficción sin retorno,y el público asistió encantado a esta profunda confesión colectiva. Como dejándose poseer por la geografía, las tres hablaron del cuerpo y su animalidad como territorios de aprendizaje y desobediencia. Ojeda habló del horror como espejo de lo andino y Urraca, con su habitual ironía, de cómo la naturaleza en sus formas más trambólicas sirve, sin embargo, para explicar lo cotidiano en el cuerpo de la mujer. Entre risas, silencios y complicidades, entre las tres quedó claro que crecer, es para todas las mujeres, una forma de insurrección.
La jornada terminaba con laVelada Lorca en elInstituto Cervantes de Nueva York, donde todo comenzó hace seis años, cuando la primera edición de la feria se celebró en ese mismo espacio.Javier Valdivielso, su director, dio la bienvenida y recordó el apoyo constante de España a la FILNYC. Fue un homenaje cálido, luminoso, un despliegue de humor y ternura.Ray Loriga,Brais Lamela,Guillermo Fesser,Ángeles Gregori yMaría José Gálvez, Directora General del Libro, el Cómic y la Lectura del Ministerio de España, recordaron al poeta que se perdió —y se encontró— en esta ciudad. Lamela leyó los versos gallegos de Lorca, «que no tropiezan, que reposan tranquilos en la lengua ajena»; Gregori habló de la fragilidad del español en Estados Unidos y de su fuerza precisamente por ello: «Aquí puede ponerse en el lugar del débil, entender las fragilidades». Fesser aportó la nota más humorística, imaginando al joven Lorca descubriendo Nueva York como quien se lanza al amor adolescente. Decía Brais que el andaluz «es un poeta que nació para siempre», y Gálvez asintió, resumiendo con una sonrisa: «Sí, Lorca otra vez, Lorca cada año, porque Lorca es inagotable».
Como corresponde a toda celebración, en los jardines del Cervantes, los integrantes de la Velada compartieron bocadillos y una gran tarta (o pastel). Entre acentos y risas, la noche terminó con la sensación de que, en esta ciudad que nunca duerme, el español sigue soñando despierto y la FILNYC continúa. Si ayer se afinaban las voces, hoy se escucha ya el corazón de la feria: el que late en cada lectura, en cada conversación, en cada palabra que se niega a callar.
Miércoles 22 de octubre de 2025
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Comienza la FILNYC 2025; celebrando la música en la literatura en John Jay College
Con una rumba de fondo que invitaba al público a moverse y celebrar, las puertas del auditorio Gerald W. Lynch se abrieron. Al fondo, el escenario lucía un piso negro elegante, adornado con plantas y flores a los costados. En el centro, cuatro sillones esperaban a los invitados de la 7a edición de la Feria Internacional del Libro de la Ciudad de Nueva York (FILNYC 2025). Todo estaba listo: la luz, la música, las voces que marcarían el inicio de cinco días dedicados a la literatura, la cultura y el encuentro.
Ladirectora de la Feria, Dejanira Álvarez, dio la bienvenida al público y resaltó los momentos clave y lo novedoso de esta edición. Como acordes sucesivos, participantes fueron sumándose para dar forma a un tono acogedor y celebratorio. Entre aplausos,Fernando Delgado, presidente de Lehman College, recordó que la cultura, el lenguaje y la amistad son capaces de desbancar el ruido que interrumpe nuestras vidas diarias, especialmente en tiempos tan complejos como los actuales.
Finalmente llegó el momento para el orador principal.José Higuera López, director del Instituto de Estudios Mexicanos de CUNY Lehman y presidente fundador de la FILNYC, tomó la palabra para evocar el espíritu que ha sostenido a la feria desde sus inicios.
A lo largo de su historia, la FILNYC se ha posicionado como un espacio de resistencia, donde autores, editores, traductores y distribuidores se reúnen para fomentar la literatura en español en el mundo, especialmente en Estados Unidos, donde somos más de 65 millones de hispanohablantes. En este país confluyen numerosas variantes del español que enriquecen su vida cultural, social y política. La música viaja, conecta y transforma, y Nueva York, esta ciudad de los sonidos, vibra con los ritmos de las innumerables diásporas caribeñas, latinoamericanas e hispanas que la habitan. Todos esos pulsos se entrelazan y dan forma a una identidad compartida que también vive en la literatura, cuando el ritmo se vuelve palabra y la palabra, memoria.
Sus palabras resonaron entre el público como una invitación a reconocer la fuerza del idioma, la música y la comunidad. Este año, explicó Higuera López, la FILNYC celebra precisamente esa unión entre la literatura y la música (dos lenguajes que embellecen la vida cotidiana y le dan sentido, movimiento y emoción) recordando que, en cada historia contada o canción entonada, también se celebra quiénes somos.
Lasesión inaugural Coro de memorias, futuro en común, reunió aGabriela Cabezón Cámara,Cristina Rivera Garza ySandra Guzmán, tres escrituras que no se miran en el pasado sino en el porvenir. Hablaron de cómo la memoria no es un archivo, sino una materia viva que se transforma. De los cuerpos, de las violencias, de las lenguas que resisten. Y de la literatura como un gesto de futuro: no el refugio, sino la herramienta. La conversación —densa, generosa— dejaba una idea flotando: que la palabra, compartida, sí puede marcar el tono del mundo.
En suprimera edición, el concursoNuevas Plumas buscaba una voz joven capaz de contar desde este lado del mapa, y la encontró. La ganadora fueAna María Betancourt Ovalle, de Nueva York, conEl deporte más feo del mundo, una crónica de quienes llegaron a Estados Unidos dejando atrás su país, sus costumbres, incluso el espacio donde podían practicar el deporte que adoraban. Tejido sobre el texto sobre el patinaje en pista, el jurado supo encontrar y premiar esta historia sobre el desplazamiento y la búsqueda, sobre cómo los cuerpos, las lenguas, las pasiones, intentan encontrar su sitio en este país. En la conversación posterior conJuan Pablo Meneses yFrancisco Uranga, ambos reafirmaron lo brillante de una crónica que no sólo narra algo, sinodescubrir las historias que nos permiten decir lo que queremos decir. Y en ese decir, hacerlo sonar lo más alto posible.
Cuba, Buenos Aires, Madrid, Nueva York: cuatro frecuencias a un mismo compás.Ritmos narrativos: musicalidades y sonoridades del español cerró la jornada de conversatorios como una explosión armónica.Wendy Guerra,Pedro Mairal yChristina Rosenvinge, moderados porSara Cordón, hablaron de cuando la literatura le pone letra a la música, y viceversa, de las cadencias que vienen del Caribe o del Río de la Plata, de los acentos que se entrelazan y se responden, como los instrumentos que conforman la gran orquesta del español,enriqueciendo la melodía del idioma, haciéndola crecer.
Al salir del auditorio Gerald W. Lynch, las conversaciones se llenaban de proyectos, complicidades y reencuentros; de la expectación por los talleres, la curiosidad por los expositores y las jornadas profesionales que marcarán los próximos días. Rumbo a Rosa Mexicano, el restaurante aledaño al Lincoln Center donde se llevó el coctel de bienvenida, la ciudad acompañaba con su propio compás: ese rumor inconfundible de Nueva York que se mezclaba con la alegría de la rumba inaugural.
Una montaña de nachos con guacamole —delicioso, por cierto— acompañó las conversaciones que seguían fluyendo entre mesas y risas. Afuera, la noche neoyorquina seguía su ritmo, dentro, vibraba una misma lengua en el eco de la inauguración: el español que se piensa, se escribe, y durante esta feria, se celebra en Nueva York.
